miércoles, 7 de enero de 2009

Revelación de la trama

¿A quién no le molesta enterarse de detalles importantes de un libro antes de leerlo, o de una película antes de verla?

A mí sí me molesta, y sé que a mucha gente también. Por eso muchos odiamos a esos listillos que van al cine a volver a ver una película que ya han visto —quizá a acompañar a alguien que no lo ha hecho—, y no pueden quedarse con las ganas de comentar cada dos minutos lo que está a punto de suceder:

No, no; él se salva: ahora llega la amiga y abre la puerta... ¿lo ves? Ahorita él se da cuenta de que el malo es el tipo alto.

¡Cállate, infeliz! ¡Deja que lo vea yo mismo!

Algunos van más allá en su arte, y logran acabar con la emoción de la película de un sólo golpe, con comentarios que revelan que los dos protagonistas sobreviven a la guerra, y que de paso terminan formando una familia:

¡Que va! ¡Al final ellos tienen un hijo!

Fui al cine a ver la película Crepúsculo. Me dijeron que no averiguara nada sobre ella antes de verla, para que toda la trama fuera un misterio para mí. Evité totalmente el contacto con cualquier información sobre el filme, y cumplí mi cometido: cuando llegué al cinema, no tenía ni la más remota idea de qué era lo que iba a ver. Era perfecto: todas las sorpresas de la película iban realmente a sorprenderme.

Fue entregando la boleta para entrar a la sala cuando vi el letrero de propaganda sobre la película. Era una foto de los dos protagonistas —dos jóvenes, hombre y mujer—, y un corto texto...

Edward es un vampiro.
Muere por beber mi sangre.
Estoy perdidamente enamorada de él.

Gracias a ese cartel de propaganda, cuidadosamente diseñado y estratégicamente ubicado, la primera mitad de la película me pareció completamente obvia. Eso explica instantáneamente el comportamiento extraño de Edward y su familia, sus misteriosas habilidades, y su inicial aversión hacia la protagonista femenina.

Al maravilloso cartelito le faltó únicamente una línea para ser perfecto:
No quiso dejar que me transformara en vampiro cuando el cazador me mordió. Vaya que es egoista.

6 comentarios:

  1. No sólo el sapo idiota que tiene problemas de autoestima y déficit de reconocimiento público, el que le caga las películas a estos pobres cristianos que lo acompañan al cine, sino el que aun sin haberse visto la película piensa en voz alta todos sus pronósticos, este es igual de idiota o peor...

    ResponderEliminar
  2. Bueno; no sé. El que pronostica podría equivocarse, y hacer la sorpresa de una escena incluso más fuerte :P

    Lo curioso esta vez —y es lo que hizo que escribiera sobre esto— es la propaganda justo a la entrada, con las tres frases. No hubo necesidad de que un listillo me arruinara media película, porque la misma propaganda lo hizo: esos detalles que ahí se cuentan se saben un tiempo después de que comenzó la cinta.

    ResponderEliminar
  3. Unos amigos fueron a arrendar un VHS (que tiempos) y por el camino se encontraron con un conocido que tenía la maldita costumbre de contar datos importantes. Siguió un diálogo semejante a este:
    A: Hola, ¿en qué andan?
    B: Fuimos a arrendar una película, mira, "Sexto sentido"
    A: ¡¡¡¡Aaaaahhhhhh!!!! ¿¿¿¿Esa donde Bruce Willis estuvo muerto todo el rato????
    B: #~€¬@&·%

    Ups, develé la trama.

    ResponderEliminar
  4. Jajaja...

    ¿La última frase significa que "un conocido" = Roberto? :P

    ResponderEliminar
  5. Nooo, significa que para contar la anécdota hay que develar la trama. Saludos.

    ResponderEliminar
  6. Eso ha sido un problema de toda la vida. Antes incluso había personajes especializados en eso. Imagínense que antes existía el llamado "CINE CONTINUO", es decir, la película se repetía una vez, y otra, y otra más, a lo largo de todo el día. Uno podía entrar a cualquier hora y veía la cinta de ahí en adelante, para después ver el principio que se perdió. Los oráculos se quedaban a ver también el tramo que ya habían visto y empezaba entonces el susurreo que se anota en la columna. Cuando el protagonista caía, por ejemplo, a las arenas movedizas y ya comenzaba a ahogarse, el insoportable oráculo advertía: "No, tranquilos, no se angustien, que ahora llega el caballo y lo salva sacándolo con las riendas".

    ResponderEliminar

Únicamente soy responsable de mis propios comentarios.

Me reservo el derecho de borrar comentarios inapropiados, entre los que se incluyen aquellos innecesariamente groseros.