jueves, 29 de enero de 2009

¿Qué fue primero: el hombre o la máquina?

Cuando una persona pasa por un peaje, debe pagarlo, obviamente. El dinero que se recauda allí se utiliza —al menos eso dicen— en inversiones en la infraestructura de las vías nacionales: arreglos, mejoras, iluminación, etc.

¿Por qué se paga peaje? Porque un vehículo, al traficar por la vía, deteriora el pavimento levemente, así que el usuario debe ayudar con el mantenimiento de la carretera.

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Normalmente, a la persona encargada de cobrar en los peajes le tocaba presionar un botón para subir y bajar la barrera, y así permitir o impedir el paso de los vehículos. Actualmente en algunos peajes está implementado un sistema que, por lo que parece, se encarga de subir y bajar la barrera automáticamente dependiendo de si la persona ya ha pagado o no. Al parecer un sensor detecta cuando un auto ingresa al peaje, la máquina genera el cobro (que es recaudado por la persona encargada), y cuando recibe la confirmación del pago, levanta la barrera para que el auto pase, ahorrándole al cobrador la presión de un par de botones.

Pues bien, el funcionamiento de la maravillosa máquina pasa por encima de todo sentido común. Si una persona va en su auto, paga el peaje, avanza y pasa la barrera, y luego retrocede un poco —para preguntar algo, por ejemplo—, la máquina le genera un cobro adicional. Al parecer se confunde, y cree que es un auto nuevo el que llegó, o algo así. Evidentemente es un error de funcionamiento, pero, para ser coherentes, las políticas de los peajes también están por encima del sentido común: esa cobranza adicional DEBE pagarse.

Es decir: si una persona por cualquier motivo causa que la mal diseñada máquina genere (por ERROR, porque no debería hacerlo) un cobro adicional del peaje, tiene que pagarlo. No, no importa si ya pagó. No, no se puede eliminar a menos que se pague.


- Lo siento, señor, pero debe pagar de nuevo ese mercado.
- ¿Qué? ¿Cómo así? ¡Acabo de pagarlo!
- Sí, pero presionó el botón amarillo cuando marcaba la clave de su tarjeta.
- ¿Y qué?
- Pues que ese botón genera un nuevo cobro. El letrero ese lo dice: "no presione el botón amarillo, porque tendrá que pagar de nuevo".
- ¿Y qué importa si oprimí el botón amarillo? ¡Ya pagué!
- Sí, pagó el primer cobro, pero hay uno nuevo que no ha pagado. Lo lamento, pero si no paga no puede llevarse esos productos.


Parece una comedia.
Obviamente, a la persona finalmente le tocará pagar el segundo peaje, porque imagino que luego de discutir una hora se le obligará a pagar, so pena de sanción o multa.
A veces la insensatez es total. Un sistema mal diseñado vence al sentido común, y a cualquier sentido de justicia: la máquina debería adaptarse a las necesidades de la gente, y no a la inversa —como está sucediendo—. Si por alguna razón (falta de recursos, ineptitud) es imposible hacer un sistema bien hecho e infalible, el controlador del mismo debería entonces corregir sus errores: se podría perfectamente ignorar el cobro adicional, o indicar que fue generado por error de sistema, y dejar seguir a la persona que cometió el crimen de retroceder y confundir a la pobre máquina, pero las cosas no se hacen así: se hacen mal.


- Ah, lo lamento, señor: oprimió el botón amarillo de nuevo. Cuando pague esta vez, tenga más cuidado.

martes, 27 de enero de 2009

El buen fútbol

En la noche de hoy, la Gloriosa Selección Colombia Sub-20 clasificó al hexagonal final del Campeonato Sudamericano Sub-20.

El domingo jugó contra Argentina, y empató 2-2. Debía entonces ganar el partido de hoy contra Venezuela para clasificar...
...pero empató 1-1.

Con ese resultado, quedaron empatados cuatro equipos con 6 puntos, así que los tres cupos (clasificaban 3 de los 5 equipos del grupo) se definían mediante la diferencia de goles: los equipos con mayor diferencia de goles (goles realizados - goles recibidos) pasaban a la siguiente ronda. De ese modo clasificaron dos de los cuatro empatados: Venezuela y Argentina. Los otros dos, Colombia y Ecuador, tenían la misma diferencia de goles, así que el tercer cupo seguía sin entregarse.

Se definía entonces la clasificación usando únicamente los goles a favor (los realizados por el equipo): el que haya hecho más goles, clasificaba... el problema es que ambos equipos hicieron el mismo número de goles.

La clasificación se le daba entonces al equipo que hubiera vencido al otro cuando ambos se enfrentaron; es decir, al ganador del partido Colombia VS Ecuador. Pero ¡nada! ¡Colombia y Ecuador empataron cuando jugaron!

Dios mío, ¿qué hacer? ¿cómo salir de este dilema de una forma justa y sensata?

¡Claro! Se puede hacer un último partido de desempate; uno corto, para que los jugadores no se desgasten tanto, y se defina la clasificación de forma rápida y... ¡Nah! ¡Demasiado complicado!

¡¡¡Mejor se meten papelitos en una bolsa, y el que saque el que está marcado clasifica!!!

Así es: la persona delegada por Colombia para sacar un papel de la bolsa sacó el correcto, y la selección clasificó.

Una lástima que no hayan transmitido el momento por televisión: hubiese sido muy emocionante ver la bolsa agitándose y mezclando los papelitos, el momento en el que sacan el papel, el memorable instante en que se nota que el papel fue el correcto, un primer plano del inolvidable papelito...

Una lástima no haber oído a los locutores de siempre narrando el momento...

-Está eligiendo el papelito... Hay expectativa nacional... ¡Vamos, Colombia!...
-Bueno, profe, nuestro analista invitado comenta que Colombia tiene una posibilidad muy alta de obtener el cupo. Según la lectura del cuncho del café que se tomó el director técnico...
-¡Ya eligió!... ¡Va a salir el papelito!... ¡Vamos, mi Colombia!... ¡Vamos, Colombia!... ¡Ahí está!... ¡Lo va a leer!... ¡CLASIFICÓ! ¡CLASIFICÓ! ¡CLASIFICÓ MI COLOMBIA! ¡CLASIFICÓ MI COLOMBIA! ¡VAMOS MI COLOMBIA! ¡COLOMBIA ESTÁ EN LOS HEXAGONALES! ¡¡¡CLASIFICÓCOLOMBIAMITIERRAQUERIDAAAAAA!!! (suena una "papayera" de fondo)


Una completa lástima.

De cualquier forma, seguramente mañana habrá mucha más información sobre el tema en todas partes: videos, fotografías, entrevistas, columnas y artículos de prensa. Conociendo a nuestros creativos periodistas, la información sobre el sorteo nos llegará a montones:

¿Sabía usted que el papel está hecho de celulosa, que es una sustancia extraída de los árboles?


¡Vamos, Colombia!

(Gracias a Jairo por informarme de la noticia, y por dar ideas para la entrada)

lunes, 26 de enero de 2009

No lo uses, pero págalo

El alcalde mayor de Bogotá, Samuel Moreno Rojas, ha modificado la norma del Pico y placa, de modo que ahora aplica durante todo el día.
La medida busca reducir la congestión vehicular que hay en la capital, y que de por sí es uno de los más grandes problemas de la ciudad.

El Pico y placa, por si alguien no lo conoce, es una restricción total de movimiento que se aplica a los vehículos (particulares y de servicio público) durante ciertas horas del día, ciertos días de la semana. El día de la semana en que el carro está afectado por la restricción depende del último dígito de su placa: por ejemplo, los días lunes están restringidos los vehículos cuya placa finalice en 7, 8, 9 ó 0. ¿Todo el día? No; solamente entre las 6 y las 9 de la mañana, y entre las 4 y las 7 de la noche. Es decir, durante esas 6 horas del día, esos vehículos restringidos NO pueden circular por la ciudad, y deben permanecer parqueados.

La novedad es que ahora el Pico y placa aplica desde las 6 de la mañana hasta las 8 de la noche; es decir, 14 horas diarias. La polémica se desató: algunos afirman que así se reducirá la congestión vehicular, pues habrá menos autos circulando todo el día por la ciudad, mientras que otros dicen que la medida solamente traerá más problemas.

En todo caso, la realidad es que el carro queda prácticamente deshabilitado 2 días enteros, pues la gente generalmente no sale de su casa antes de las 6 de la mañana, ni después de las 8 de la noche (los días laborales, claro).

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Todas las personas que tienen un vehículo deben pagar un impuesto llamado "impuesto de rodamiento".

Cuando se supo del cambio al Pico y placa, se le solicitó al alcalde que redujera el valor del impuesto de rodamiento, pues la gente no puede hacer uso de su auto dos días de la semana: un 40% de los días hábiles, y un 30% de toda la semana.

El alcalde dijo que el impuesto NO se reduciría porque el dueño de un auto "no paga el impuesto al vehículo simplemente por los días que lo utiliza, sino por tener el vehículo". En esto discrepo totalmente con el señor alcalde, y ese es el motivo de esta entrada.

Según esa forma de pensar, si el gobierno inventa un nuevo "Pico y placa inverso", que impide el movimiento de los carros durante seis de los siete días de la semana, los colombianos tendrían que seguir pagando el mismo impuesto de rodamiento, a pesar de que únicamente pueden poner a rodar sus autos un día a la semana.

No sé nada de leyes, ni de jurisprudencia, pero pienso que es un poco absurdo lo que sucede aquí.

Una cosa es no querer o no tener que usar el auto ciertos días, y otra completamente distinta es no poder hacerlo: en la primera situación, yo no estaría usando las vías de la ciudad porque no se me da la gana es mi deseo, pero en todo caso están a mi disposición para cuando las necesite; en la segunda, yo no tengo las vías a mi disposición, así que si quisiera usarlas, no podría.

Claro; yo le alquilo la película durante una semana, pero solamente la puede ver el martes. Eso sí, me paga el alquiler de toda la semana.

La restricción es evidente, y totalmente injusta. ¿Por qué debo pagar por toda la semana si únicamente puedo verla un día?

Claro; yo le alquilo la película durante una semana, la utiliza cuantas veces quiera, cuando quiera, y me paga los siete días de alquiler.

Aquí es totalmente distinto: quizá únicamente vaya a verla una vez en toda la semana, pero igual podría verla 2 ó 3 veces, el día que quiera, cuando quiera.

En fin: cosas raras que pasan. Otro tipo de explicación, que obviamente tendría que ceñirse a la verdad, sería menos chocante —que no convendría reducir los impuestos en este momento, pues ello implicaría un colapso financiero para Bogotá, por ejemplo—, pero es lo que hay. Y seguramente también habrá por ahí una explicación de que el impuesto de rodamiento no tiene nada que ver con el rodamiento de los vehículos, sino con su simple existencia física.

miércoles, 21 de enero de 2009

Quema neuronal

En El Frente del 15 de enero aparecieron dos noticias que me llamaron la atención. Ambas estaban en la misma página, y ambas trataban sobre personas quemadas. Adicionalmente, ambas compartían otra especial característica, como verán más adelante.

La primera noticia trataba sobre una niña que se encontraba bajo cuidados médicos luego de sufrir graves quemaduras debido a un lamentable accidente. La niña, tristemente, tenía escasas posibilidades de recuperarse.

La noticia era clara, y explicaba bien los hechos que rodearon el accidente. Lo que no entendí muy bien fue el título...

A fuego lento

Evidentemente, quien inventó ese título quizo hacer un juego de palabras: la noticia tiene que ver con "fuego", y con algo que sucede "lentamente" (no, no voy a decir qué); el término "a fuego lento" se usa cuando se está cocinando un alimento, y se le pone poco fuego para se que cocine suave y despacio; y, finalmente, el DRAE define la frase como "Poco a poco y sin ruido". ¡Qué ingenio! ¡Un juego de palabras triple!

¿Claro? Pues yo sigo sin entenderlo. ¿Qué hacen juegos de palabras como ese en el título de una tragedia como esta?


La otra noticia de la página trataba sobre un hombre que se quemó con gasolina, y también se encontraba en el hospital bajo cuidado médico. A diferencia de la niña del artículo anterior, el hombre se estaba recuperando satisfactoriamente, a pesar de que su apariencia quizá no lo demostrara: el hombre se encontraba cubierto de vendajes, que envolvían varias partes de su cuerpo...

Imagino la cara del periodista cuando por fin dejó de quemar neuronas, y el divertidísimo título para su noticia se mostró en su cerebro:

'Envuelto' en llamas

¡Otro juego de palabras! ¿Entienden? El hombre está "envuelto" en vendas... y se quemó con llamas... y cuando algo se incendia, queda "envuelto en llamas"... ¿lo ven? ¿ven la conexión?

¿Ven lo divertido de todo el asunto?

Yo tampoco.

miércoles, 7 de enero de 2009

Revelación de la trama

¿A quién no le molesta enterarse de detalles importantes de un libro antes de leerlo, o de una película antes de verla?

A mí sí me molesta, y sé que a mucha gente también. Por eso muchos odiamos a esos listillos que van al cine a volver a ver una película que ya han visto —quizá a acompañar a alguien que no lo ha hecho—, y no pueden quedarse con las ganas de comentar cada dos minutos lo que está a punto de suceder:

No, no; él se salva: ahora llega la amiga y abre la puerta... ¿lo ves? Ahorita él se da cuenta de que el malo es el tipo alto.

¡Cállate, infeliz! ¡Deja que lo vea yo mismo!

Algunos van más allá en su arte, y logran acabar con la emoción de la película de un sólo golpe, con comentarios que revelan que los dos protagonistas sobreviven a la guerra, y que de paso terminan formando una familia:

¡Que va! ¡Al final ellos tienen un hijo!

Fui al cine a ver la película Crepúsculo. Me dijeron que no averiguara nada sobre ella antes de verla, para que toda la trama fuera un misterio para mí. Evité totalmente el contacto con cualquier información sobre el filme, y cumplí mi cometido: cuando llegué al cinema, no tenía ni la más remota idea de qué era lo que iba a ver. Era perfecto: todas las sorpresas de la película iban realmente a sorprenderme.

Fue entregando la boleta para entrar a la sala cuando vi el letrero de propaganda sobre la película. Era una foto de los dos protagonistas —dos jóvenes, hombre y mujer—, y un corto texto...

Edward es un vampiro.
Muere por beber mi sangre.
Estoy perdidamente enamorada de él.

Gracias a ese cartel de propaganda, cuidadosamente diseñado y estratégicamente ubicado, la primera mitad de la película me pareció completamente obvia. Eso explica instantáneamente el comportamiento extraño de Edward y su familia, sus misteriosas habilidades, y su inicial aversión hacia la protagonista femenina.

Al maravilloso cartelito le faltó únicamente una línea para ser perfecto:
No quiso dejar que me transformara en vampiro cuando el cazador me mordió. Vaya que es egoista.

domingo, 4 de enero de 2009

¿Persecusión?


(Tomado de la primera página de El Frente 04/01/2009)